Jaç Voraç y la calma entre ruínas
Las cinco canciones del debut de los osonenses Jaç Voraç beben de la ciencia y la mística y nos proponen una lucha espiritual que a su vez es también lucha política. El título de ‘La conquesta de la segona innocència’ se inspira en parte en la obra y la filosofía de Lluís Maria Xirinacs: los adultos, falsos inocentes que lo etiquetamos todo, deberíamos reconquistar el estadio inicial, aquel de cuando éramos bebés y no veíamos nada porque lo veíamos todo, todo un núcleo, todo en uno y nada separado de nada. Ah, amigos: filosofía, espiritualidad y punk-folk-dub lisérgico. ¡Alto ahí! Con todo esto parecería que Jaç Voraç son hippies y no, señoras y señores, no lo son. Lo que no son es superficiales.
La profundidad viene de bucear en el fondo y la forma y empieza aquí con “L’amo de l’humà”, quizá la pieza más política del EP donde el individualismo que a menudo se nos vuelve en contra se encuentra con la dialéctica de clases de la mano de un Xirinacs a golpe de sampler, haciéndonos tocar con los pies en la tierra. La reflexión individual continúa en “Veus celestials”, refundición de obra de otras épocas que se mantiene y revive en el tiempo: no hace falta mucho más, “solo quiero beber agua, tener amistades y el plato en la mesa”. Y tú, en el fondo, ¿qué más querrías? Mientras no pensamos en ello, se abre paso “Energia”, a modo de interludio separador de la cara A y la cara B, con Xirinacs de nuevo, aquí breve y al pie, poniendo en el hi-fi ciencia y mística a la vez, hablando con elocuencia y sin rodeos. Salimos del fondo del interior y nos elevamos hacia la cara B con “Llenya al llenyer”, pieza que ya conocíamos porque fue single de adelanto: dualismos y círculos en un punk-rock-folk-dub bien redondo para entender que todo va y todo vuelve y que hay que confiar y que no hace falta echar más leña al fuego, no hace falta, gente. El despegue toma aire de vuelo libre final con la clausura de “Pardals, destrals, portals”, un ejercicio poético de reggae acústico con toques de nyahbingi y un crescendo eléctrico final a base de juegos de palabras y fonemas para evidenciar la riqueza de la tan nuestra y a la vez añorada lengua catalana y la inmensidad del milagro de la vida, dos en uno, amigos y amigas.
El debut de Jaç Voraç encapsula con gracia y savoir-faire la dualidad constante del proyecto y el equilibrio sónico en el que se sostiene. El trío formado por Edu Pomanou a la guitarra y voz, Alfred Adu al bajo y Martí González a la batería aguanta el tipo con una formación mínima y mucha cultura reggae a sus espaldas, y se refuerza con las voces omnipresentes de Bruna Gonzalez y Mar Pujol, alguna segunda guitarra y staccato aquí o allá, percusiones (por todas partes, sí) y algún arreglo de vientos puntual de Júlia Soler de Les Testarudes. Fuego sí, reverbs y delays nunca los justos, pero siempre controlados por la mano izquierda de Ramonet Franch, a cargo de la producción, la grabación y la mezcla de todo en Hostalerria Studios de Vic (el máster es del maestro Ricard Puigdomènec). Fuego sí, artificios ahora sí que no, porque ya hace demasiado que pedimos la calma y la reserva de un buen lecho donde recuperarnos de la voracidad de todo esto. Pensemos en ello.
ESCUCHAR EL EP "La conquesta de la segona innocència"
JAÇ VORAÇ
Sonidos roots del trópico nublado desde la Plana de Vic y forjados en el Adoberies Fest de septiembre de 2025, Jaç Voraç triangulan distintas perspectivas dentro del mismo círculo. Jaç Voraç ha encontrado el placer del paladar en un plato hondo, un caldo de reggae con galets rellenos de punkrockfolkdub. Cuando se les pregunta “¿qué querréis para aprender?”, responden: “tomaremos tres copas de Vic, una de blanco, una de rosado y una de negro”. No son nuevos, pero como si lo fueran. Besos de la oscura matriz o aquel “¡no sufráis!” del patrón matutino. No sufráis, de hecho, porque se explican mejor escuchándolos cantar. Todo está por hacer y todo está por venir: Jaç Voraç presentan en el verano de 2026 su EP debut titulado ‘La conquesta de la segona innocència’ y nos recuerdan la necesidad de un lecho donde recuperarnos de la voracidad del mundo loco que nos tocó vivir. Pensemos en ello.